"Papá, ¿por qué tu espalda está con sangre?" - Preguntó el hijo aterrado. Nadie sabía que al morderle un tiburon, le salvaría la vida

La familia Finney tenía planeado un maravilloso día en Huntington Beach en California. Eugene con su novia y sus dos hijos, Templ de 10 años de edad, y Turner de 6 años de edad, fueron a la playa.

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Eugene solo navegó lejos de la orilla. De repente, fue golpeado por una gran ola, el hombre joven luchó por salir a la superficie. De repente sintió un dolor punzante en la espalda. "Nunca habia sentido tanto dolor. Todo ocurrió de repente. Era como si me hubieran tirado un látigo en la espalda", - dice el padre de dos hijos. De alguna manera Eugene logró llegar a la orilla.

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"Papá, ¿por qué tu espalda tiene sangre?" - Preguntó el niño con horror. Eugene se dio cuenta de que en el agua habia sido atacado por un tiburón. Sentía dolor en la espalda y los hombros, donde tenía huellas de mordeduras y heridas profundas. La familia estaba feliz de que su padre se haya escapado solo con un par de arañazos.

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Después de las vacaciones en California, Eugene volvió al trabajo. La curación de las heridas fue lenta, pero un extraño dolor en la espalda, por el contrario, siguio aumentando, y se difundia a través del pecho. Cuando el hombre no podía dormir por la noche por el dolor, fue al médico.

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El hombre tenía miedo de que "el encuentro" con un tiburón le habia causado un daño mayor de lo que parecía a primera vista. Y tenía razón. El doctor encontró la espalda de Eugene un gran hematoma. Pero lo más sorprendente no era esto. Los estudios han demostrado que el hombre tenía cáncer de hígado.

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La enfermedad se detectó en una etapa temprana, el tumor era operable, y Eugene ni siquiera necesitaba quimioterapia. Pero si no hubiera sido por el tiburón, es poco probable que haya ido pronto al médico.

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Eugene apenas podía creer su suerte: "Parecía como si me hubieran dado una segunda oportunidad de vivir. Yo no me la perdería, "- dice él. Sin embargo, ultitmamente, toda la familia maldecía al tiburón, que arruinó sus vacaciones.

No es de extrañar que no hay mal que por bien no venga.

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