"En la infancia mi padre me contagió de VIH"

Al introducir en el cuerpo de su hijo de 11 meses de edad sangre infectada con VIH, el padre de Brian Jackson pensó que no lo vería de adulto. Nadie podía imaginar que 24 años después, su joven y fuerte hijo haría un juicio en su contra...

En las instalaciones de la administración penitenciaria de Missouri es hora del almuerzo. Frantic Brian Jackson luce preocupado mientras es llevado de la sala de espera a la sala de la corte, con paredes blancas.

En el otro extremo de la sala le espera un hombre con un uniforme blanco de prisión. Aunque no se habían visto desde que Brian era un bebé, él sabe que ese hombre se trata de Brian Stewart, su padre.

Jackson tiene la intención de proporcionar su testimonio para que su padre permanezca el mayor tiempo posible en la cárcel.

Pocas personas pensaron que Jackson podría dar su declaración, pues en 1992 le diagnosticaron "SIDA con cuadro clínico desarrollado" y lo enviaron a casa a morir.

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Foto: Bailey E Kinney

Traté de mirar hacia adelante, no quería encontrarme con su mirada", - dice.

"Pero de todos modos lo vi de lado, lo reconozco por las fotos, pero no siento nada, - añade Jackson. - Nunca me hubiera imaginado que era mi padre".

En la sala él respira hondo, mira a los miembros de la Comisión y comienza su historia.

Sus padres se conocieron en un centro de entrenamiento militar en Missouri, donde estaban estudiando para ser doctores. Empezaron a vivir juntos, y cinco meses después, a mediados de 1991, su madre quedó embarazada.

Cuando nací, mi padre se alegró, pero todo cambió después de que fue a Oriente Medio para participar en la operación "Tormenta del desierto". Regresó de Arabia Saudí con una actitud completamente diferente hacia mí", - dice Jackson.

Stewart comenzó a negar que Jackson era su hijo, incluso exigía pruebas de ADN para comprobar su paternidad y ejerció violencia física contra la madre de Jackson.

Cuando finalmente la madre lo dejó, Stewart se negó rotundamente a pagarle pensión alimenticia. Entre ellos había constantes peleas en las que Stewart la amenazaba. Jackson cuenta que él decía cosas como, "Tu hijo no vivirá hasta los seis años" o "Cuando te deje, romperé todos los lazos".

Como se supo más tarde, Stewart en ese entonces trabajaba en un laboratorio médico, y comenzó a llevar secretamente a casa muestras de sangre infectada.

"Solía ​​bromear con sus colegas diciéndoles que si quisiera infectar a alguien con uno de esos virus, ni siquiera entenderían que ha pasado con ellos", - dice Jackson.

Cuando Jackson cumplió 11 meses, sus padres se separaron y prácticamente dejaron de comunicarse. Pero cuando Jackson fue internado en el hospital con un severo ataque de asma, su madre decidió llamar a su padre.

"Mi madre lo llamó al trabajo para decirle que su hijo estaba enfermo, pero su colega, que fue quien tomó la llamada, le dijo: "Brian Stewart no tiene hijos".

El día en que Jackson iba a ser dado de alta, Stewart apareció de repente en el hospital.

"Envió a mi madre a la cafetería para que lo dejara en paz", - dice Jackson.

Cuando la madre se fue, Stewart sacó una aguja con sangre infectada con VIH y se la inyectó a su hijo.

"Esperaba que muriera para que no tuviera que pagar la pensión que le correspondía como padre", - dice Jackson.

Cuando su madre volvió, encontró al bebé llorando en manos de su padre. "Todos los signos vitales estaban colapsando, porque no sólo me inyectó sangre infectada. sino que la sangre era incompatible con la mía", - dice Jackson.

Los médicos estaban horrorizados. Sin saber del virus mortal que ya había entrado en el cuerpo del niño, estabilizaron su corazón, temperatura y respiración, y lo enviaron a casa.

Pero pronto la madre de Jackson empezó a notar que la salud de su hijo se estaba deteriorando.

En un intento desesperado de conocer el diagnóstico de su hijo, durante cuatro años llevó al niño a innumerables médicos, pidiéndoles que entendieran el por qué se estaba muriendo. Pero ninguna de las pruebas pudo aclarar qué era lo que estaba pasado.

Ni siquiera el pequeño Jackson entendía lo que estaba sucediendo. "Recuerdo haberme despertado varias veces en medio de la noche y gritar: "¡Mamá, por favor, no me dejes morir!".

Un día, después de haberse hecho todas las pruebas posibles, su médico se despertó de una pesadilla y llamó al hospital para que le hicieran un análisis por VIH.

"Cuando los resultados llegaron, me diagnosticaron SIDA con el cuadro clínico desarrollado y tres infecciones complicadas", - dice Jackson. Los médicos llegaron a la conclusión de que no había esperanzas de que se salvara.

"Ellos querían que yo viviera una vida lo más normal posible, - sigue contando. - Dijeron que me quedaban cinco meses de vida y fui dado de alta del hospital".

Mientras, Jackson siguió probando todos los medicamentos disponibles en ese entonces para tratar la enfermedad.

Según él, toda su infancia la pasó al borde de la vida y la muerte. "Había días en que parecía un niño con una salud normal, pero una hora después tenía que ser llevado al hospital con una nueva infección", - recuerda.

Por la medicación empezó a perder el oído. Sin embargo, aunque muchos de los niños que estaban en el hospital morían, para sorpresa de los médicos, Jackson empezó a recuperarse.

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Jackson (a la derecha) con su padre en la infancia. Foto: Jackson family

Al final, fue capaz de ir a la escuela y comenzó a asistir a clases con una mochila llena de medicamentos que se tenían que colocar de manera intravenosa.

Él era un muchacho amistoso y no tenía ninguna idea del estigma que acompaña a su enfermedad en la sociedad.

"La tragedia de mi infancia fue que en la escuela no querían que yo fuera. Me tenían miedo, - dice Jackson. - En los años 90 la gente pensaba que el SIDA podía transmitirse hasta por medio de los asientos de inodoro. Leí en un tutorial que uno podía infectarse incluso por contacto visual con una persona infectada".

De hecho, eran los padres quienes tenían miedo de Jackson y no los niños. Nunca fue invitado a alguna fiesta de cumpleaños. No era invitado a ninguna parte, ni siquiera a casa de su media hermana. Pronto los niños comenzaron a mirar a Jackson con prejuicios.

"Me llamaban "el niño con SIDA" o "chico gay", y empecé a sentirme solo. Me parecía que no había un lugar para mí en el mundo", - recuerda.

A la edad de 10 años comenzó a entender lo que le había hecho su padre, pero sólo unos pocos años después comenzó a darse cuenta de la magnitud de su crimen. "Al principio sentí resentimiento y cólera. Los padres en las películas se regocijaban de sus hijos, no podía imaginar cómo mi padre podía haberme hecho esto -, dice Jackson. - Él simplemente quería matarme y me cambió la vida para siempre. Él es el responsable de que fuera estigmatizado en la escuela y de que hubiera tenido que pasar todos estos años en los hospitales".

"Por él necesito estar al tanto de mi salud y vigilar de cerca lo que hago -, continúa. - Cuando tenía 13 años y descubrí la Biblia, descubrí la fe y esto me permitió perdonar a mi padre. El perdón no es fácil, pero no quiero rebajarme a su nivel".

Aunque al nacer le pusieron de nombre Brian Stewart Jr., añadió la segunda letra "R" detrás de su nombre y tomó el apellido de su madre. "El cambio de nombre me dio la oportunidad de rechazar cualquier conexión con Brian Stewart. Yo soy la víctima de su crimen. Durante una reunión posterior me llamó "hijo". Intenté levantar una mano y exigir que me llamara por lo que soy: su víctima. Me puse a pensar si alguna vez había sido su hijo. ¿Acaso fui su hijo en el momento en el que me infectó con VIH?". Pero incluso en los momentos más difíciles, Jackson continuó sonriendo desde su cama de hospital, siempre bromeando con las parodias de Forrest Gump con las enfermeras".

Me gusta bromear sobre el VIH, sobre el tema de cómo vivir sin un padre. Creo que si no hiciera discursos de motivación, sería un cómico de a pie. Mucha gente no lo entiende. Creen que mi sentido del humor es un mecanismo de defensa, pero en mi opinión, si puedes reírte de la tragedia y de las cosas malas que te suceden, no estás protegido, pero tienes poder sobre eso". En julio, Jackson recibió una carta del Departamento de la prisión de Missouri, que declaró que la decisión de la Comisióm le negó a su padre clemencia para los próximos cinco años.

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Brian con su madre en la infancia. Foto: Jackson family

"Durante la audiencia sólo pude leer mi declaración y esperar justicia, pero este veredicto me da fuerza", - dice Jackson.

"A veces me despierto de una pesadilla y me temo que mi padre va a entrar y terminar con su trabajo, - dice Jackson. - Lo he perdonado, pero creo que tiene que asumir responsabilidad por sus acciones".

Aunque en su defensa su padre afirma que estaba sufriendo de síndrome de estrés postraumático después de servir en Arabia Saudita, Jackson no le cree. Dice que su padre sirvió en la reserva naval y no participó en los combates.

Mientras tanto, Jackson sigue sorprendiendo a los doctores.

"Estoy sano como un caballo, incluso más saludable que un caballo, he ganado peso, pero todavía me considero un buen atleta", - dice.

"Ahora mis células T exceden la norma. Esto significa que no puedo contagiar con el virus a nadie. He bajado la dosis de la medicación de 23 pastillas al día, a una. Ahora el VIH en mi cuerpo no es detectado por las pruebas", dice Jackson .

"Pero el SIDA sigue en mí. Una vez que eres un paciente con VIH, lo seguirás siendo toda la vida".

Aunque está muy involucrado en sus presentaciones y la organización de caridad, Hope Is Vital, Jackson sueña con convertirse en un buen padre para su hijo.

"Me gustaría mucho ser un buen padre - , dice. - Me gustaría educar a mis hijos con esperanza, quiero que sepan que vivimos en un mundo maravilloso y que siempre estaré ahí para protegerlos. A veces las desgracias nos abren el camino a grandes cosas".

Fuente: aids

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